sábado, 1 de marzo de 2014

Reflexión sobre el trastorno Asperger.

Cuando vi el video sobre el síndrome Asperger, me llamó mucho la atención la naturalidad con la que el primer niño contaba su experiencia, aún siendo un poco frío. Me sorprendió eso de que su profesora le llamaba “tonto” y otros insultos, que en contextos como el de la educación, me parecen de todo menos normales. De la misma manera, me gustó como el chico adulto habló de las expectativas que tenía frente a la vida: formar una familia, tener una pareja, ser padre…


Con esto y la lectura, de lo que me doy cuenta es que las personas que padecen este trastorno tienen muchas dificultades para participar la sociedad actual, y como respuesta les dejamos fuera de la misma. Y pienso, que el problema no está tanto en ellos como en los demás, es decir, que ellos les cuesta de por sí relacionarse con las personas, pero estas tampoco hacen nada por relacionarse con ellos. Entonces, ante el video, la lectura y las consiguientes conclusiones, lo que más siento es impotencia de ver cómo estas personas no son capaces de vivir en sociedad como el resto de las personas y que nadie haga nada por remediarlo, por ayudarles. Ni siquiera en las aulas, dónde deberían tratarse igual que al resto y no de manera discriminatoria y, mucho menos, menos preciando, humillando y en los últimos casos, maltratando. De hecho, en las aulas, me parece que serían niños con un potencial increíble, ya no por su inteligencia, sino por poder transmitir todos esos conocimientos a sus compañeros; de la misma manera, el desarrollo de prácticas dinámicas, favorecería a que se integrara con el resto de sus compañeros. Pero para eso, lo que necesitamos verdaderamente, es un cambio: un cambio de mentalidad, de tratar la diferencia como algo positivo y enriquecedor en las aulas; un cambio en la manera de trabajar, en el pensamiento de que todos nuestros niños pueden y deben aprender, aunque cada uno siguiendo su propio ritmo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario